Más allá del estado, país, nación o patria

Desde hacía años, a partir de la fundación de las bonanzas o comunidades de bienestar, (donde se ensayan e investigan recursos ante situaciones extremas – ver “El Zoquete Perfecto Pág. 142), la isla había comenzado una profunda y sustantiva transformación que atrajo el interés internacional. Más del setenta por ciento de su población se dedicó a investigar y producir tecnología para el desarrollo del tercer mundo, sobre todo de África. Se fundó la Universidad Africana donde se formaban técnicos del desarrollo venidos ex profeso de sus respectivos países, y estos, a su vez, fundaron universidades en todo el continente. Muchos isleños fueron pioneros que llevaron y aplicaron por el hemisferio sus conocimientos. Fue una magna obra de trabajo independiente.
La isla experimentó un notable cambio producto de esta nueva conciencia. Se implantaron innovadoras técnicas de agricultura ecológica e industrias prototípicas, para, posteriormente, introducirlas en territorio africano que mantuvo ocupada a gran parte de la población. Se compaginó el turismo usual con otro de concienciación y ayuda.
Las poblaciones de la isla fueron objeto de un plan óptimo de rehabilitación y mejora que enmendó el desorden que había imperado hasta entonces. Fue todo minuciosamente estudiado para reordenarlo y resplandecerlo. Entre otros elementos, se emplearon color, teja, balcón de madera, adoquín, piedra volcánica, laurisilva, palmera, cardón, tabaiba, drago y mucha imaginación artística. Los pueblos del interior adquirieron tonalidades desde el blanco hasta el azul–verde–amarillo, generalmente en tonos suaves.
Se creó una bella imagen de la capital para que fuera ejemplo de lo que se puede conseguir con el trabajo colectivo y organizado. Jardines y casas, parques y barrios se transformaron, principalmente, por la acción vecinal. En la Isleta, debido a su condición marinera, predominó el azul. En Guanarteme y en la Playa de Las Canteras fue preponderante el ocre con intervenciones de rojo, glauco y cerúleo. Ciudad Jardín fue del dominio del verde. Ciudad Alta, con diversas tonalidades, se inundó de rojo– amarillo. Los barrios de las colinas conservaron su multicolor. Triana fue el lugar de los tonos rosados y Vegueta de los colores pastel.
El isleño, de natural bonhomía, se fue haciendo introspectivo e independiente. Cumplía, disciplinado, con el trabajo humanitario, pero coexistían criterios y puntos de vista distintos. Ponerse en lugar del otro fue la norma que permitió el entendimiento.
Los Congresos Internacionales se multiplicaron, principalmente los relacionados con la ayuda humanitaria, medicina, sociología, técnicas de aprendizaje y, sobre todo, especialidades psicológicas.
Fueron memorables, en la historia de la isla, los simposios bajo el lema: “Rudimentos en torno a considerar la política como trastorno mental colectivo e individual”. Estos primeros estudios con el tiempo dieron lugar a varias especialidades psicológicas que tuvieron fuerte implantación insular.
Políticos y hombres importantes de todos los países vinieron en busca de la llamada policterapia, que los liberaban del afán de poder, de la codicia y del arraigo a los cargos. Representantes de muchos países llegaron en busca de soluciones prácticas a sus problemas nacionales.
Las ONGS más responsables, eficientes y pragmáticas se asentaron para recibir instrucción en el lugar del mundo con mejor tecnología contra la pobreza. Los grupos de pacifistas y las más laboriosas y neutrales organizaciones antisistema no quisieron estar ausentes, enviando numerosos colaboradores desinteresados.
Estos fueron los antecedentes que produjeron en a la isla una de las mutaciones más grande de la historia de la cultura. Su manifestación se consolidó como consecuencia de la notable elevación del nivel de vida de toda África. Un grupo humano libre y voluntariamente coordinado había ganado la batalla a la pobreza, sin intervención de los grandes organismos institucionales, nacionales e internacionales. Un colectivo de hombres y mujeres, en virtud de un trabajo en equipo tenaz y pragmático, sin ideología política ni religiosa y sin intervención del estado o de organizaciones estatales, había conseguido, pacíficamente, una gesta superior a todas las heroicas y violentas proezas descrita en historias oficiales de la Humanidad.
Este conjunto de isleños y de residentes continentales estaba en condiciones de dar un paso decisivo en el mejoramiento de la vida y de la condición humana, y lo dieron: funcionarían ordenada, pacífica y libremente como comunidad al margen del ordenamiento impuesto por los estamentos oficiales.
Pero antes convocaron un referéndum para conocer la decisión mayoritaria. Los políticos, las religiones, los personajes relevantes de las naciones, muchos intelectuales y los grandes empresarios se opusieron. Los isleños y residentes fueron los grandes defensores. El Sí fue mayoritario en un noventa por ciento.
De esta suerte el territorio de la isla fue vinculado a una comunidad de humanos organizados de tal forma que su conjunto independiente no formó estado, país, nación, patria ni parte de nacionalidad alguna porque alcanzaron un grado de entendimiento superior que hizo innecesario el actual sistema. La colectividad isleña fue pionera de los cambios sociales que devinieron en los siglos posteriores.

Texto del libro “La Alegre Ignorancia”

Mario Simbio (Tomás Rivero)

Pintura
Klarwein



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