Felicidad o calidad de vida

La ciencia económica y la necesidad de medir y comprender el origen de la riqueza de las naciones han caminado juntas históricamente.

Los primitivos clásicos de la teoría económica, David Ricardo, Adam Smith, Keynes y especialmente Kart Marx, pusieron los cimientos del análisis del comportamiento de los agentes económicos para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Pero el problema de fondo no es tanto como se puede medir, como que es lo que debemos medir.
Habitualmente se utiliza como sinónimos conceptos que son profundamente diferentes.

Calidad de vida, bienestar económico o simplemente felicidad son términos confusos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la calidad de vida en términos de salud física, autonomía personal o independencia, relaciones sociales o el estado psicológico y la relación con su entorno.

El bienestar económico se define con la capacidad de renta, calidad del empleo, vivienda, acceso a la cultura y proyecto de vida.

Pero y ¿que es la felicidad?

Lo sencillo es responder que es la percepción subjetiva de bienestar y entorno social adecuado.

Esta semana el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicos (IVIE) ha intentado medirlo con un Informe denominado “Análisis multidimensional sobre la calidad de vida”
La primera pregunta es si puede medirse, y lo segundo que consecuencias tiene.

Debemos recordar que estos esfuerzos no son nuevos. El Premio Nóbel de Economía en 1998 el bengalí Amartya Sen desarrollo el concepto de “Índice de desarrollo humano” que utiliza el Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD), el mayor esfuerzo de la humanidad para crear un mundo más justo.

Como caso curioso, tenemos el Reino de Bután, cuyo Rey en 1974 implantó el concepto de “Felicidad Nacional Bruta” (FNB) en sustitución del PNB tradicional.

Y se mide con cuatro indicadores: Desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la preservación de la cultura, conservación del medio ambiente y el buen Gobierno.

Cada año se proclama como el país más feliz del mundo. Lógico, es el único que se mide a si mismo.

Pero no tenemos que mirar a países lejanos. En septiembre de 2009, en pleno inicio de la crisis económica, el presidente de la República francesa, Nicolás Sarkozy, anunciaba solemnemente que Francia adoptaría en sus estadísticas oficiales el concepto de Felicidad y bienestar social, superando las clásicas medidas del PIB y la Renta Nacional.

A partir de ese momento, se daría un salto cualitativo en la percepción del nivel de desarrollo de las naciones europeas.

Este anhelo no es nuevo, cada cierto tiempo algún iluminado pretende pasar a la historia revolucionando la forma de medir la calidad de vida con una única cifra mágica que nos indique donde estamos. Como la Renta Nacional

Volviendo de nuevo al Informe citado del IVIE, lo que intenta es medir el bienestar económico de forma objetiva en las comunidades autónomas a través de 10 parámetros como es la Renta disponible, la seguridad a salir por la noche, salud, fracaso escolar, medioambiente, vivienda, etc.

El resultado es previsible, como en todos los rankings, Canarias y Andalucía están a la cola. Y en la cabeza, País vasco, Navarra y La Rioja

Pero el Informe también aporta datos curiosos: Primero, que se da una equivalencia perfecta entre sistema de financiación de los Gobiernos autonómicos y malos resultados. Así Valencia, a medidas que resulta peor financiada, desciende en la valoración. Y Canarias, la peor financiada es a su vez la última en la prestación de los servicios esenciales y por tanto, a la cola de la calidad de vida

Años de recortes en Sanidad, Educación y Servicios sociales tienen como consecuencia el hundimiento en la calidad de vida. Blanco y en botella. Esto es para los que todavía dudan del maltrato a las islas.

Pero curiosamente el informe aporta un dato revelador que llama la atención y que permite entender la diferencia entre la felicidad y la calidad de vida. Que no siempre coinciden

En una encuesta del INE a los ciudadanos sobre su valoración de su “satisfacción con la vida”, es decir una valoración subjetiva, los canarios están por encima de la media nacional. Se encuentran felices de su vida en las islas, a pesar de todos los datos negativos

Y es algo que no es nuevo, porque en las encuestas del socio barómetro del CES sobre 10 puntos los canarios valoraban su calidad de vida en el 6,45, y las encuestas del INE lo fijan en el 6,99. Es decir, por encima de la media nacional.

A la pregunta de si preferían reducirse el sueldo antes que cambiar de domicilio, abrumadoramente contestaban que preferían cobrar menos y quedarse en su isla.

Y respuestas similares se dan sobre su medio natural, y relaciones sociales.

Es un dato subjetivo, sin duda, pero que mide mejor la felicidad que todos los parámetros objetivos.

No sé si es bueno o malo, pero es evidente que estamos convencidos de vivir en unas islas Afortunadas

 

 



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