La vía de la voluntariedad

 ¿Por qué en esta etapa final de mi vida me tomo la molestia de redactar unos libros que  van en contra de la opinión general y recelan de muchas cuestiones tenidas por inamovibles?

  Me he hecho esta pregunta muchas veces y creo haber encontrado la respuesta en “porque sí, por voluntariedad”  ¿Sin motivo, por simple obstinación o antojo? No, son razones profundas que pueden que estén implícitas en el temario de esta obra y en la  necesidad pura y simple de recrearla.

 He hallado numerosos humanos incitados por la voluntariedad. Artistas (escritores, pintores, escultores, músicos…) seriamente dedicado a sus trabajos sin importarle notoriedades, distinciones o reconocimientos; ciudadanos generosos que practican la benefactría no pidiendo nada a cambio; personas que transmiten bondad y son integradoras de valores humanos sin darse importancia.

 Dentro de nuestra cultura -dominada por los convencionalismos y a la deriva ante tanto culto a la personalidad, proliferación de hombres ilustres y por la desmesurada exaltación del intelecto- subyace  una corriente de ideas y tendencias que podríamos llamarla la vía de la voluntariedad,   donde las obras son un fin en si mismas y sus autores, haciendo gala  madurez emocional, se siente satisfechos de ser sus agentes, sin  premios, homenajes, agradecimientos…

Entresacado de la  introducción del libro de Mario Simbio (Tomás Rivero) La Alegre Ignorancia.
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Pintura

Hodler



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