100 años de la escuela de arte libre Luján Pérez

En junio del año 1917 fue mentada la Escuela de Artes Decorativas como primitiva simiente por el teórico y leguleyo de profesión, el grancanario Domingo Doreste. A esta loable idea se sumaron los pintores Juan Carló, Nicolás Massieu y Enrique García Cañas, que bajo la ideada propuesta de Doreste fueron los primeros profesores. El día 6 de enero del siguiente año, nace y comienza su singladura la escuela Luján Pérez. Se ubica en su primera sede en la calle García Tello, del barrio fundacional capitalino de Vegueta.

Dieron inicio las clases desde el indicado día hasta la actualidad: 100 años de ininterrumpida docencia de arte en libre creación. Nadie se aventuró a darle tan larga vida. Ni los más optimistas auguraron que la escuela Luján Pérez alcanzaría el centenario en su peregrinación pedagógica en el arte de la plástica. Los réditos educativos en la libertad artística de sus talleres cuentan por centenares los artistas formados en sus aulas.

Bajo la firma de Fray Lesco, se insertó en el periódico local La Crónica, el día 5 de junio de 1917, un meditado e inspirador artículo titulado “Los decoradores del mañana”. Con esta idea expositiva a la opinión pública, deseaba el escritor, que se colmaran las necesidades artísticas y cubrir con las demandas profesionales en las artes aplicadas, que urgían en la capital e isla, en todo lo relacionado con los oficios y profesiones relacionadas con el arte. Contaba la tranquila urbe de Las Palmas con una población de 170.000 almas. Aludía en su texto a la creación de “un taller de dibujo y modelado”.

Esta propuesta teórica caló muy bien en la intelectualidad y oficialidad de entonces, quienes aplaudieron y se sumaron a la noble iniciativa artística expuesta por el intelectual Fray Lesco. Especialmente contó con los ánimos del pintor Néstor para su implantación. La ciudad y la isla carecían de profesionales y artesanos bien formados en sus oficios.

Hay que dejar de manifiesto, que Domingo Doreste, que firmaba con el seudónimo de “Fray Lesco”, era solo un teórico y escritor. Particularmente, no dudo de las sapiencias de arte de Domingo Doreste, como intelectual y estudioso de las tendencias plásticas históricas y de vanguardias. Pero quien de verdad impuso las praxis modernas de la docencia en los talleres de escuela de arte libre, fue Juan Carló. Junto al pintor neoimpresionista Nicolás Massieu, que también participó en la enseñanza (aunque pronto dejó sus clases). Y a los fundadores se añadió Enrique García Cañas (arquitecto del Cabildo Insular, que daría clases de dibujo técnico). Estos, sin duda, fueron los artífices de la libre docencia artística de la Luján Pérez. Comenzó su andadura con un presupuesto básico de 6.000 ptas. Y fue sufragada económicamente –en parte–, por el cabildo y consistorio capitalino (que lo continúan ejerciendo en la actualidad).

Hay que reiterar, que la primigenia intencionalidad –ya enunciada– de este proyecto educativo, era la de implantar una escuela de formación de artesanos y decoradores. Pero cambió radicalmente dicha propuesta. Ello fue debido a las ideas de una docencia vanguardista del arte, que desde París trajo consigo Juan Carló. Él estuvo como alumno en la academia de arte libre Colarossi, en dicha ciudad parisina. A ella se iba a practicar el arte que el pupilo deseara y sintiera en sus adentros: de vanguardia o clásico. Los discípulos de aquella libre enseñanza aceptaban, o no, los consejos de los maestros de la academia. Estos conceptos de respeto y libertad del alumnado, de esta práctica en la tipología de taller de arte los implantó el pintor Juan Carló en la Luján Pérez. Se habían omitidos las primitivas razones y las ideas fundacionales.

Una pléyade de futuros artistas, aún en ciernes, se había inscrito en los primeros años de su apertura. Fueron los que conformaron la segunda tanda de discípulos, los que dieron fulgor a la Luján Pérez. Llegaron cargados de talento y exquisita sensibilidad para el arte. Todos ellos habían recogido los frutos de la práctica de un arte libre, propio y de vanguardia: era el que se enseñaba; y por el que se incitaban a estos alumnos a su creación. Singularmente, por un arte de las vanguardias parisinas (o mundiales).

El éxito fue alcanzado con su primera gran muestra, en los salones de un local de la calle de Triana (1929). En ella participaron aquellos ávidos jóvenes que, aderezados con sus capacidades, hicieron que formaran un elenco de artistas de vanguardia en el arte de Canarias. De ellos hay que citar a Eduardo Gregorio, Santiago Santana, Felo Monzón, Juan Ismael, Cirilo Suárez, Juan Jaén, Emilio Padrón, Abraham Cárdenes, Plácido Fleitas, Jesús Arencibia, Miguel Márquez y Juan Márquez, etc. Todos ellos ocupan un lugar de honor en el arte moderno de Canarias del siglo XX.

La Escuela Luján Pérez ha cumplido 100 años. Habrá que preguntarse, cómo esta escuela de arte, privada y sin dueño (o su dueño es la sociedad de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria). Escuela que desde su fundación vive en precario, sin patrimonio inmobiliario alguno y carente de arraigos económicos propios, que la sustente. ¿Cómo ha hecho posible su dilatada trayectoria, para que pueda llegar a esa centenaria edad? Sin antes desmoronarse o sucumbir a tantos avatares que la propia sociedad le somete en su pervivencia.

La respuesta está en tres motivos básicos y elementales: Uno, la colaboración casi o totalmente desinteresada de tantos artistas exalumnos, que por la escuela han dado su adhesión, apoyo y trabajo. Otro, con el sustento económico de las instituciones oficiales (ayuntamiento y cabildo); y por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, prestándole las aulas en incondicional favor. Y por último, por el hecho de no haber tenido nunca herederos que reclamen su parte, y den al traste con esta impagable labor docente del arte en Canarias.

¡Felicidades por los 100 años a mi escuela Luján Pérez¡ Y que cumpla muchos más, en su encomiable labor en el arte de vanguardia en Gran Canaria y en Canarias.    



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