Los cielos estrellados de Canarias

Nuestro amigo y colaborador Teo Mesa, recientemente, en el Museo Canario, ha presentado un interesante libro titulado El Arte Inspirado. Un amplio catálogo de obras de arte de todo tipo, pinturas y esculturas dedicadas a Benito Pérez Galdos. Su creatividad se bifurca por dos caminos distintos, las bellas artes y la escritura. En ambas manifiesta su espíritu reflexivo, investigador y circunspecto.

En el presente artículo nos invita a contemplar el firmamento  como un nuevo privilegio de nuestra isla, Gran Canaria.
                                                                        
Hace bien poco en el tiempo, Gran Canaria recibió la magna distinción que le  acredita de poseer un cielo limpio de contaminaciones lumínicas (en las zonas cumbreras de la isla) y sin cargazón de nubes, para apreciar el estrellado firmamento y todos los cuerpos celestes que desde la isla redonda tenemos el privilegio de poder observar. Este reconocido galardón honorífico ha sido otorgado por la Fundación Starlight de las Naciones Unidas.
  
Gran Canaria como ‘Destino Starlight’ declarado por la Unesco, se hizo con el título después de analizar esta Fundación internacional, cumplidamente los parabienes del cielo grancanario y de dar crédito a los estudios realizados, y a los proyectos didácticos presentados por la entidad cabildicia grancanaria. Honor que sirve para que se tenga en cuenta a esta isla por los investigadores astrofísicos, a los aficionados a la astronomía –que somos muchos–, a los posibles neófitos en las visiones de las constelaciones. Y sobremanera, a todos los que puedan asistir como turistas de las miradas indagatorias al espacio que cubren nuestro rico cielo estrellado: sistema solar, luna, astros, estrellas, constelaciones, planetas, satélites, eclipses, cometas, asteroides, los otros fenómenos astronómicos. Y el más allá de los confines del universo, si fuera posible.

Esta es, cuando se ponga en uso práctico, una gran oportunidad para todas las personas que deseen saber mucho más de las constelaciones y las otras circunstancias que se produzcan, que circundan cada noche nuestros favorecidos espacios celestes. Muchas personas de la isla se podrán acercar a los miradores creados ex profesos para contemplar y deleitarse con los cielos nocturnos, donde se puedan apreciar limpiamente todas las estrellas y planetas de nuestra galaxia; y de los fenómenos astronómicos que ocurran en el espacio sideral; además de avistar nuestra Vía Láctea. Y otear otras galaxias (si se tienen los telescopios apropiados), que nos acompañan en el enigma del infinito e inabarcable universo. Se podrán ver las rotaciones de las constelaciones y sus estrellas cada noche: Orión, Auriga, Osa Mayor y Menor, Gemini, Perseo, Tauro, etc. Y las estrellas más sobresalientes del espacio: Polar y Sirio; Capella, Arturo, Aldebarán, Canopus, Vega, etc. Todas ellas serán avistadas en sus rotaciones por los movimientos de la Tierra.   

Es este proyecto una vindicación del espacio etéreo que se tiene y del que se debe gozar en la isla, tiene que ser considerado como otro elemento de privilegio de esta tierra, mar y cielos de la Macaronesia. Isla y archipiélago que ya explota su benigno y primaveral clima durante todo el año. Ahora lo hace con este proyecto que busca su valoración espacial y extraerle los réditos para la contemplación y fruición de sus habitantes, para que miremos al cielo durante el tiempo nocturno y podamos ver todo lo que no nos deja apreciar el astro rey con su resol.

Junto a esta idea de Destino Starlight, se ha propuesto a la par, la animación y atracción de un turismo europeo que quiere ver las estrellas y los planetas de la galaxia que hace posible nuestra vida en la tierra. Son las constelaciones siderales que en los países europeos casi no pueden percibir los futuros astroturistas venideros. Se pretende que la creación de ese astroturismo, lo sea también de un próximo turismo de Patrimonio de la Humanidad (que ya son efectivos en todo el mundo), que con las merecidas declaraciones de los vestigios ancestrales aborígenes, que en un corto tiempo deben ser aprobadas por parte de la Unesco, con la gruta de Risco Caído; y con las Montañas Sagradas de Gran Canaria, por su interés arqueológico, antropológico y arqueoastronómico, ubicados en ellos. Hecho que atraerá a gran parte de un peculiar turismo visitante de los patrimonios de la humanidad, que tiene sus propios adeptos a este específico de turismo cultural.     

Pero es menester para consolidar este proyecto espacial: proteger y mimar los afortunados cielos canarios. Por lo que habrá que imponer la ausencia de luces contaminantes que dañen la percepción nocturna, con las fulguraciones de los perniciosos rayos incidentes que pueden ocultar la correcta visión. Para ello, habrá que preservarlos con la instalación de focos propicios en las farolas de los alumbrados públicos y demás luces arbitrarias en las urbanizaciones de la ciudad y de zonas limítrofes a la instalación de los observatorios espaciales, que se pretenden implantar en los determinados espacios elegidos al efecto, que puedan perjudicar la pureza de las contemplaciones nocturnas. Simplemente, se hace con la aplicación de filtros especiales en dichas farolas (como desde hace muchos años, se impone en la isla de La Palma).

Toda Canarias goza de unos excelentes cielos para la contemplación de las estrellas y de nuestra Vía Láctea. Mirar y contemplar el espacio infinito sideral es un hecho que nos hace pensar en el más allá de nuestro egocentrista ombliguismo, en ideologías forofas y caducas, en religiones fanáticas y anacrónicas con los avances culturales y científicos, sobre todo con respecto al planeta Tierra y su ubicación en la galaxia y en la infinitud universal. Se tomará conciencia y en saber mucho más de la inconmensurable dimensión que tiene el universo y de lo que nos es infinitamente imposible llegar a conocer en los enigmas de este ignoto fenómeno.

Mirando a las noches estrelladas  podremos conocer las limitaciones y la pequeñez del ser humano, en nuestras prestadas y efímeras vidas, que en precario subsistimos sobre el planeta. Y nos hará encontrar el único camino de la existencia del ser humano sobre la Tierra, e incluso despertaremos de las agnoscias y zarandajas que en nuestra mente han zaherido desde tiempos ha, y siguen tratando de obnubilarla ante la insoslayable realidad del firmamento.    

Esta es otra imprescindible fórmula para la conservación de la naturaleza; o dicho de otra forma: otro ecologismo más con la bóveda celeste, que se debe tener en el total aprecio para su limpia visión y calidad del aire de nuestra atmósfera; que también, en su protección medioambiental. Asimismo hay que poner drástico coto a la alta contaminación –cada vez más ascendente– que producen los aviones comerciales con la quema de queroseno en la combustión de sus turbinas-motores y de otras industrias. Humos que no nos dejará otear nuestras estrellas en la nocturnidad.  
 
Y la incógnita queda en el aire. ¿Habrá aparatos específicos, como telescopios, instructores de astronomía, cursos de orientación, y observatorios debidamente acondicionados, etc., para ver todos estos fenómenos astronómicos del empíreo, o tendremos que llevarlos e instruirnos los deseosos ciudadanos por conocer el espacio sideral?



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