Lo que dicen las palabras

Todas las palabras fueron alguna vez un neologismo.  J. L. Borges

¿Las emociones, ideas, conceptos, sentimientos, herramientas o anhelos son anteriores y les buscamos una palabra o las ideas son consecuencia de las palabras? Es algo que nos preguntamos cada día.

Las palabras no son neutras o inocentes, revelan y nos cuentan como es quien las adopta y utiliza.

El lenguaje sirve para entendernos y permitir el intercambio de ideas y conceptos. La sociedad crea permanentemente nuevas respuestas a situaciones inesperadas, y a para eso inventa una nueva palabra.

En algunas casos es una simple novedad tecnológica como teléfono, televisión, fotocopiadora, cafetera, nevera, o algo que nos facilita la vida y como Adán, lo bautizamos sin mucha resistencia. Pero en otros casos la palabra escogida supone una carga ideológica que produce un rechazo en determinados prejuicios ideológicos porque se identifican con ciertos modelos de sociedad y el término produce incomodidad. Esto se da con determinados anglicismos que se identifican con el imperialismo americano o a actividades rechazables.

“Evento”, “Episodio”, “Wasapear”, Zapear, “Gobernanza”, o cientos de términos insípidos, provocan la indignación y el rechazo de muchas personas por razones que en principio desconocemos.

Sin embargo, neologismos innecesarios y que necesitan explicar su sentido, se admiten sin problemas: Economía circular, reutilización, reciclaje, implementación, holístico, empoderar, feminizar, y no digamos portavoza, se defienden su uso como prueba de nuestro carácter abierto y progresista.

Es como una seña de identidad. Cuando leemos determinadas expresiones, sabemos intuitivamente en donde se encuentra ideológicamente su responsable.

Y no es necesario que tengan una carga ideológica evidente, (relaciones de producción, clases sociales, proletariado) basta con adivinar que palabras de forma deliberada se evitan usar.
Las palabras y los nombres se usan también para apoderarse de los sitios, las cosas y las personas, por eso bautizamos a unos y otras. Por eso los exploradores y conquistadores se dedicaban a inventarse topónimos uno tras otro para “apoderarse” de sus descubrimientos y conquistas, y por eso algunas religiones “del libro”, como las llaman, no permiten nombrar a Dios (y lo denominan el que no puede nombrarse), porque lo interpretan como un intento de “apropiación” de eso que llaman Dios.


El lenguaje es una fuente interminable de conocimiento. Nos dice de donde venimos, que hacemos, como construimos la vida cotidiana y que influencias nos afectan. Pero sin ninguna duda, nos cuenta como pensamos.

Lo único que tenemos que hacer es escuchar atentamente, seguro que nos sorprende lo que nos cuenta de nosotros mismos.



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