La realidad cotidiana en las pinturas de Zoraida Rodríguez

En la sala de arte Sábor, de las casas consistoriales de la ciudad de Gáldar, expone sus obras esta artista autóctona de la misma urbe de los Guanarteme. Desde que fuera inaugurada en el pasado mes, hasta su finalización, el próximo día 23 del presente.    
La pintura de la artista Zoraida Rodríguez está basada en la práctica inspirativa de un arte figurativo. Es un arte de la realidad vista y vivida. Ella se siente complacida con esta representación pictórica. Por lo que, al considerarse gratificada con estas plasmaciones sobre sus lienzos, cumple su arte como uno de los principios más importantes en los artistas: gozar con el tipo de arte y estética que realiza. Y lo demás son minucias sin sentido. Porque si un artista no se siente gratificado con su arte, éste será impostado, anodino, falto de espíritu, sin las emociones que se vierten cuando lo crea y dibuja. Los artistas son sujetos libres, pensantes y creadores, y se expresan a través de los medios de la plástica como quieran, razonen y se les antojen en su libertario albedrío.
Zoraida es una artista autodidacta, que sin haber tenido una escuela de formación ni unos maestros que la tracen los secretos de los procedimientos y los vericuetos técnicos de la plástica, los ha aprendido por el tesón y el talento innato que anidan en su mística, y por la pasión que siente por la práctica y en la expresión de su particular arte. Ella ha acudido a la Escuela Luján Pérez y a otros cursos de arte, en los que ha intentado saber más de las experiencias coetáneas para plasmar la pintura y sus dibujos. Pero de poco le han servido estas enseñanzas, porque llevaba adherido en sus genes el filón –en bruto– de la estética y la sensibilidad para la práctica de las artes, que ha perfeccionado y refinado para ser lo que es: una muy buena dibujante y pintora. Artificio imprescindible para plasmar los elementos connotativos que representa, y al que ha estrujado de forma natural todos los secretos formales por la dedicación cotidiana de su arte.
Esta muestra retrospectiva que nos presenta, tiene su origen desde 1982 hasta la actualidad –si bien el sentir por el arte brotó en su juventud, en 1974–. Y ella se propuso ser artista desde ese adviento íntimo que la inoculó en su fibra sensitiva. Su reto en las artes había comenzado. Y para este menester lo hace de forma intuitiva, bajo los cánones de su alter ego emotivo, porque es una autodidacta íntegra, que todo lo basa en la intuición y sus experiencias acumuladas. Su arte es generado por un compendio de variadas visiones en los temas que la seducen en su particular sensibilidad. Ella es poseída en esa sensible fruición para los argumentos y estética que practica con grandes aditamentos de sustanciales emociones. De ahí su elección en los testimonios que pinta, que en cierto modo están emparentados con los asuntos tratados en la historia académica del arte. Eso sí, aliñados con la impronta de sus personales interpretaciones.
Las imágenes que dibuja y pinta son realizadas con un pulcro dibujo y aplicación armónica de los cromos, sin salirse del tema oteado en el natural, pero añadiéndole sus personales formas de ver e interpretar la realidad cotidiana en su formulario estético. Las figuras quedan sujetas por una dependiente realidad bajo los cánones figurativos, en los que Zoraida las goza con las figuras muy bien hechas, precisas y agraciadas en su ejecutoria. Y en estas se suman otros argumentos alegóricos que enriquecen el contenido temático y significados a través de sus ávidas creaciones, porque su cultura y dotes para las artes creativas así se lo demanda. Si bien la artista es reacia a los proyectos de grandes números de obras seriadas en el mismo tema monográfico, prefiere la variedad y el dinamismo de las pinturas en distintas concepciones, huyendo del tedio que la monotonía le causa.
Los temas que permeabilizan en la acuidad de la artista Zoraida Rodríguez Sosa están entresacados de la vida diaria para su plasmación pictórica; son los elegidos y visionados por la artista, los cuales están cargados de significación. Se basan en saber ver lo que a su rededor ocurre y estas acucian su sensibilidad como persona y artista; unas veces por estética pura y otras por incitantes motivos. En sus óleos, pasteles y acrílicos, quedan dibujadas distintas y sugerentes figuras, desde retratos familiares, autorretratos, a retratos de artistas canarios: Manolo Millares, César Manrique, Néstor Martín F. de la Torre, Pepe Dámaso, Antonio Padrón y Jesús Arencibia. Temas estos de difícil realización si no se tienen los dones del dominio del dibujo. Otros temas, son los de preocupaciones sociales, llevadas por los vicios que invaden la abulia de las personas; temas costumbristas, oniristas o mitológicas, etc.     
Zoraida Rodríguez no se conforma, en su avidez creacional, con esta presente plástica que plasma. Este es un principio que subyacen en los artistas al estar en continuas indagaciones de originales y personales creaciones, en el encuentro de nuevas representaciones en su estilo, técnicas y argumentos a pintar. Nuevos lenguajes y formas en el dibujo y la pintura que le caractericen en sus propuestas y elucubraciones. Por esta razón, no se encuentra conforme con su actual arte de la plástica, desea con denuedo, renovarse, seguir otros senderos que la satisfagan en nuevas pinturas, que estén concatenadas con la modernidad y en unos modos de hacer distintos al actual. Y de esta manera, no cesará hasta que encuentre y sea abducida en la búsqueda de novedosas prácticas en su arte. Ese es el sino que subyace en los que místicamente se sienten artistas.



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