LA SINGULARIDAD Y LA EXCELENCIA QUE EL OTRO GUARDA

La complejidad de la manera de ser de cada uno de nosotros, no puede expresarse en una opinión, descripción,  estudio sicológico, biografía, película, fotografía u obra de arte; porque existen rasgos que son imposibles de describir con la palabra, la imagen, la estadística o cualquier otro  procedimiento. Aspectos imposibles de interpretar por el intelecto, pero transmisibles mediante la relación. Entre los humanos existe una comunicación viva que no es extrapolable. Por mucho que nos emocione un video, un retrato, una carta, un  poema… de nuestros amigos, siempre será un sucedáneo porque la presencia es insustituible.

Cuando la relación es horizontal -porque no es utilizada para marcar distancia, conseguir prestigio social o influencia, sino simple camaradería entre persona y persona- muchas veces nos damos cuenta de la singularidad y la excelencia que el otro guarda, se manifiesta dentro de un  llano, íntimo, distendido y recíproco trato. Nos hacemos amigo de esa persona, no necesitamos razones para quererla, porque forma parte de nosotros.

 Los que saben valorar a sus compañeros/as de estas manera, se dan cuenta que casi todo el mundo posee valores privativos y  nos son transmitidos en un acto de cohesión y de comunicación insuperable. Lo que irradia algunos, deliberada o indeliberadamente, puede cambiarnos.


Constituye un error valorar a las personas por cuestiones superfluas  y frivolizarlas estimando exclusivamente su talante divertido. La extraversión de estos seres humanos queda condicionada al sentirse reconocidos  sólo de este modo, y no darles oportunidad de mostrar sus aspectos más recónditos, bellos y generosos. Esta apostura es vínculo, sujeción o engranaje entre personas, una cualidad a desarrollar mediante la relación y una fuente de felicidad. Pero nos solemos  entenderla ni considerarla al creernos portadores exclusivos de las mejores dignidades. Las conversaciones y las relaciones se convierten en: apologías sobre uno mismo; en relatos de hechos exagerados y debidamente maquillados con el propósito de sobresalir  y en conseguir, de cualquier manera, la admiración de todos. La competencia por descollar absorbe toda la energía y el grupo se vuelve inconexo y sin capacidad de acción.

Del libro “La Alegre Ignorancia”. Los libros de Mario Simbio pueden ser consultados y bajados pinchando aquí.

 

 

Pintura

Ryder

 



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