El Mal del Ángel Atosigado

He identificado entre las mujeres y madres de mi entorno, especialmente cuando alguno de los miembros de su prole ha llegado a la adolescencia, un preocupante mal.

Nos afecta, según mis observaciones, a un claro perfil de mujer. En común tenemos que somos mujeres de mediana edad, que nos esmeramos por criar niños y niñas “de provecho”, es decir, que buscamos educarles felices, emocionalmente inteligentes, comprometidos y autónomos. También compartimos la pretensión y expectativa de realizar una actividad profesional que nos ofrezca no sólo remuneración económica, sino también satisfacción y sentimiento de realización en la vida.

El origen de este preocupante mal, al que en honor a un amigo he denominado el “Mal del Ángel Atosigado”, se puede describir de la siguiente manera… Las primeras manifestaciones están relacionadas con un profundo agotamiento y por falta de sueño. A ello se une la presión constante del natural reclamo de atención de esos niños y niñas que tanto amamos y la insatisfecha necesidad de prestarse atención a una misma. También la correspondiente actitud de constante provocación de la etapa adolescente juega un determinante papel. Sin olvidar la tensión y el estrés que pueden llegar a generar la gestión de un negocio o las exigencias de un puesto de trabajo, una actitud autoreflexiva y una consciente búsqueda de felicidad en todos los planos de la vida.
Cuando se dan todas estas circunstancias tenemos el contexto perfecto para que se manifieste este mal en todo su “esplendor”… o quizás sería mejor decir “en toda su oscuridad”…

El “Mal del Ángel Atosigado” provoca que las mujeres de las que hablo -y entre las que me incluyo- suframos una espantosa transformación, una metamorfosis tirando a “posesión satánica” que raramente se manifiesta más allá de nuestro núcleo familiar y que se puede describir así:
– Empleamos un tono de voz más alto del que acostumbramos …bueno, a decir verdad nos convertimos por momentos en auténticas “verduleras”.
– Nuestro vocabulario sufre notorios cambios… sapos y culebras se convierten en habituales residentes de nuestra boca, y salen despedidos apenas se produce una de esas llamadas de atención que nos vemos obligadas a hacer unas quinientas veces al día quienes pretendemos educar a nuestros hijos.
– Los eventos se magnifican. Especialmente situaciones que, en otras circunstancias, nos parecerían de minúscula trascendencia, se convierten en crisis existenciales, en motivos de sentidos llantos o de una incontrolable ira.

Las mujeres a las que nos afecta, nos llegamos a sentir una verdadera miseria, lo peor. Con cierto horror descubrimos incrédulas aspectos de nosotras mismas que nunca imaginamos podríamos acoger en nuestro interior… ¡y mucho menos compartir irrefrenablemente con el exterior!
Te confieso que, antes de enfrentarme a la positiva, amable y amorosa reflexión de mi querido amigo, sintetizar la apabullante e indescriptible sensación de “auto-asombro” y “auto-decepción” que recorre a quienes sufrimos de esta horrible afección con el nombre de “Síndrome de la Bruja Amargada”…

El interrogante que surge llegado este momento de lectura es sin duda el cómo deshacerse tanto del origen como de los síntomas que padecemos…y que padecen con nosotras quienes nos tienen cerca. Teniendo en cuenta la falta de literatura al respecto y el hecho de que aún no me he liberado de este padecer, considero que aún estoy en período de investigación y que tan sólo puedo dar algunas pistas o claves al respecto (…y evidentemente, si dispones de consejos, sugerencias y casos de éxito serán pero que muy bienvenidos!)…
RESPIRAR – sé que suena a cliché, pero lograr dar cinco profundos respiros antes de reaccionar sirve para evitar alguna que otra explosión
CONSCIENCIA – creo que el mero hecho de poder observar desde fuera las situaciones es de vital importancia, poder conectar sin juicios con lo que está ocurriendo
COMPASIÓN – Un instinto bastante desarrollado de muchas madres que conozco es el de dejar que la mala conciencia y el perfeccionismo nos arruinen muchos momentos que, al fin y al cabo, no son tan graves. Quererse y mimarse a pesar de las meteduras de pata y de no estar a la altura de lo que pensamos íbamos a ser como madres es de lo más recomendable.
ACEPTAR – Creo que tener constancia y aceptar que no somos bichos raros, sino que nos encontramos en una etapa muy determinada y tremendamente condicionada por las circunstancias de vida, puede ser el primer paso.
RECONOCER NECESIDADES – La sensación de desasosiego, frustración o incluso angustia que genera una necesidad insatisfecha es una clara señal física que nos da una importantísima pista: tienes que cuidar de ti.
CUIDARSE – Evidentemente, cuando hay bebés, y familia, y trabajo fuera de casa, las exigencias que nos presenta el día a día son inmensas. Sin embargo, siendo consciente de ellas se puede hacer un listado (aunque tan solo sea mental) de las prioritarias e intentar guardar un ratito cada día para sí misma, para encontrar silencio por dentro y por fuera.

Esto que te cuento son evidentemente humildes e incompletas reflexiones que provienen de estar en medio de la tormenta… Así que hazme el favor y sé generosa, y si ya saliste airosa de esta etapa, no dudes en dejarnos tus comentarios… ¡a todas las afectadas por el Mal del Ángel Atosigado nos vendrán divinamente! 😉

Pintura
Ancher



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