La Patafísica

A lo largo de la historia ha habido numerosas formas de desacato intelectual ante el poder y el orden establecido. Proviene de individuos que son conscientes y comprende la inmadurez emocional de la sociedad, los disparatados modos de gobierno, la  coparticipación y encubrimiento de la cultura dominante, la subordinación del conocimiento a intereses espurios y, sobre todo, la estructuración del ser humano de forma conveniente a través de los selectivos métodos oficiales de educación y enseñanza, donde prevalece un ordenamiento cerrado que atrofia la imaginación, la sensibilidad, la trascendencia, la expectativa, la perspicacia… a los que no faltan sustentadores, debidamente alienados y motivados (políticos, académicos, hombres ilustres…), que velan por mantener este estado de cosas.

El nombre de Patafísica, –no figura  en el diccionario– es una contracción de ἐπὶ τὰ μετὰ τὰ φυσικά («epí ta metá ta physiká»), y, quiere decir  aquello que se encuentra “alrededor” de lo que está “más allá” de la física. Tratar de definirla es contravenir su propia razón de ser, porque, si bien es reacia a las disquisiciones cerradas, sus manifestaciones están llenas de ingenio, imaginación y fantasía.
No creemos, como algunos pretenden, que la Patafísica sea un descubrimiento, hallazgo o invento; es una irrupción de originalidad que afecta el ánimo después de haber roto los compactos esquemas mentales que el estado nos impone. En la obra “Gestas y opiniones del doctor Faustroll, pafísico” del paradójico escritor francés Alfred Jarry (1873-1907), considerado el precursor,  es evidente que está en irreductible discrepancia con el poder, el despotismo y el pensamiento institucional y académico.

No habría poder si controláramos nuestra sumisión en su  origen, porque tenemos la tendencia imbuida de dejar hacer, de acomodarnos, de acatar… de la que no nos libra el pensamiento lógico y positivo. Hay que marchar en dirección opuesta y curarnos de la enfermedad de la aceptación a ciegas. La burla puede ser una buena vacuna.

El 11 de mayo de 1948 –el  22 de Palotin 75, según el calendario patafísico– se funda el Colegio Patafísico de París como una institución que estudia ciencias ilustradas e inservibles (Liricopatología, Cocodrilogía, Aliética e Ictíbalicia, Alcoholismo Estético, Aniñamiento Voluntario e Involuntario, Adefismo…) y otorga títulos provocativos y ostentosos pero sin finalidad especifica (sátrapa, proveedor, regente, vicecurador y enfiteuta…).
No sabemos lo que el porvenir depara a la patafísica  pero su influencia se ha visto reflejada en las bellas artes, el teatro, el cine. De cualquier forma, la transgresión intelectual ante la realidad instituida  va a manifestarse de un modo u otro.

 

Foto: Alfred Jarry



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